• Lugares
  • Norma Rodríguez
  • 28|09|2017
Jardines de MÉXICO
En Morelos se encuentran los jardines florales contemplativos más grandes del mundo, un paraíso monumental creado por la mano del hombre.
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Cuando los sueños del ser humano se conjugan con los milagros que surgen de la naturaleza, nacen proyectos únicos y llenos de magia. Tal es el caso de Jardines de México, un pulmón en Morelos, el recrea sorprendentes escenarios de sitios emblemáticos del mundo. Estas bellísimas áreas verdes son el resultado de una inversión de 600 millones de pesos y de una investigación previa de dos años a cargo del arquitecto de obra Raúl Abelar, y del arquitecto paisajista Isidro Velázquez, en la que intervinieron diseñadores, biólogos, agrónomos y hasta sociólogos, quienes trabajaron codo a codo para crear un lugar en el que se honrara y respetara a la naturaleza. Y así, entre un constante trinar de aves, un clima delicioso todo el año y paisajes que exaltan el alma a cada paso, el visitante se va percatando de la belleza de su entorno y de la importancia de mantenerlo en estado perfecto.

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En cada espacio se genera una emoción, surge algún recuerdo, se despiertan los sentidos y hasta las actitudes cambian. Este paraíso, ubicado estratégicamente en el kilómetro 129 de la carretera México-Acapulco, está conformado principalmente por ocho jardines temáticos, todos distintos y con especies de flora muy específicas, como la Plaza Tabachines, en donde abundan los árboles homónimos, tan característicos de la zona siempre coloreada por un naranja intenso y brillante. Todas las flores que se siembran en este terreno se producen en su propio invernadero, con una superficie de tres hectáreas, y en algunas áreas como el Abanico de Flores se cambiarán cada estación del año, por lo que el escenario nunca será el mismo. Tanto la madre naturaleza como una cuadrilla de jardineros y expertos en botánica son los responsables de modificar gradualmente los espacios que cuentan con 193 millones de flores y más de 22 mil árboles.

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Al entrar al oasis lo primero que impacta son las figuras de dos pavorreales de tres metros de altura hechas con árboles cuajados de flores. Su tamaño llama tanto la atención como el de la palapa para eventos a su costado, la cual está construida con bambú y es una de las más grandes del mundo. Aunque el clima es por lo general benévolo, hay centros de hidratación en diversos puntos del parque. A la salida del Jardín Cactáceas se observan especies desérticas traídas del norte de México, tales como “El Gran Saguaro”, un cactus sonorense de 12 metros de altura y 350 años de edad. La vista y hasta el clima cambian por completo en el Jardín Tropical, con una vegetación exuberante y un hermoso jardín acuático que alberga el orquidiario. En su afán de sustentabilidad, toda el agua de riego y de las fuentes se filtra y reutiliza, por lo que no hay desperdicio alguno del líquido vital. El Jardín estilo japonés, inundado por un suave aroma a jazmín y pleno de simbolismos zen que otorgan un ambiente de laxitud sin igual, está recreado con elementos de la cultura asiática como agua, piedras, caminos estrechos y pagodas de bambú.

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Los perfumes cambian a lavanda al ingresar al Jardín estilo italiano, inspirado en la época renacentista, en donde la arquitectura y el diseño se tornan geométricos, poderosos y estructurados con piezas de mármol de Carrara representando al David de Miguel Ángel, a Venus, a Minerva y a Neptuno. Caso aparte es el Laberinto de los Sentidos, el cual cobija obras de arte entre sus muros verdes. Su creador, el museógrafo Iker Larrauri, integró ciertos elementos compositivos de diseño a la naturaleza, y colocó trabajos de artistas como Víctor Hugo Núñez, Juan Soriano y Víctor Hugo Castañeda. Algo similar a la experiencia sensorial que despierta el jardín infantil ConSentidos, diseñado bajo un programa educativo de diversos pabellones para inculcar a los más pequeños el amor por la vida y la naturaleza. A cada paso hay algo que sorprende, un nuevo ángulo que causa incredulidad y se descubre que cada jardín tiene su propia lectura y personalidad.