La joya arquitectónica más preciada de Quebec
El hotel más fotografiado del mundo celebra 125 años luego de un majestuoso makeover.
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Diseño: Wilson Asociados y Grupo Rockwell

Una verdadera joya forjada como castillo, el Fairmont Le Château Frontenac es considerado el máximo punto de referencia de la ciudad de Quebec y -para mala suerte de otros hoteles- se ha ganado el título del más fotografiado de la Tierra hasta ahora. Además, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y se le puede ver en una de las páginas del pasaporte canadiense. 

Tras más de un siglo de existencia, en 2014 se llevó a cabo una remodelación valuada en 75 millones de dólares que, sin duda alguna, hoy consolida su poderío. 

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Aunque todavía le quedan algunas suites por renovar, ha llegado espectacular a su cumpleaños número 125. Wilson Asociados y Grupo Rockwell fueron los responsables de las nuevas habitaciones, la transformación del lobby y los cuatro restaurantes, así como la creación del spa y la expansión del Fairmont Gold; el hotel boutique que se aloja en los más altos pisos de la torre principal para brindar privacidad a exigentes inquilinos. Todo esto se consiguió sin ultrajar la herencia, los detalles y materiales históricos que han caracterizado al Frontenac.

En efecto, las áreas comunes impactan por su tamaño y majestuosidad, sin embargo, esto no significa que las habitaciones sencillas carezcan de magia. La diferencia radica en que se viven de una manera más acogedora.

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354 habitaciones fueron intervenidas con un diseño contemporáneo, sin embargo, los amantes del clásico estilo Château todavía pueden disfrutar de 257 habitaciones que no fueron intervenidas pero incluyen todas las comodidades que el viajero de hoy necesita.

Para aquellos que deseen una experiencia exclusiva, habrá más oportunidad de no quedarse fuera gracias a que el Fairmont Gold ha pasado de 40 a 60 habitaciones. Su ampliado lounge incluye una impresionante vista de 360 grados, y si bien las mesas con mayor demanda son las que permiten apreciar el río St. Lawrence, no hay razón por la que alguien se deba acongojar en caso de que le toque una para contemplar la ciudad.

¿Alguna excusa para bajar? Su salón de vino y quesos (con más de 250 de origen local) ubicado en el restaurante 1608. O por qué no, se vale preguntar al concierge si es posible subir una degustación personal. 

fairmont.com