Art Nouveau en México, todo lo que debes saber sobre este estilo arquitectónico

Conoce el origen del Art Nouveau y sus influencias, cómo fue su llegada a México y cuáles son los espacios donde puedes conocer más del movimiento que dio inicio a la arquitectura moderna.

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El Art Nouveau significó el quiebre definitivo con toda la tradición arquitectónica. La geometría y la persecución de las líneas rectas del neoclasicismo fueron sustituidas por siluetas estilizadas que tomaban como punto de partida e inspiración la naturaleza por sobre todas las cosas: los motivos vegetales (como flores, hojas, enredaderas y raíces) aparecieron en columnas, puertas y capiteles.

En interiores, los vitrales llenos de colores brillantes y luz se unieron a un mobiliario organicista pero funcional, mientras que la férrea distribución de los espacios cedió ante un concepto orgánico preocupado por presentar cada edificio como un todo vivo. El vidrio, la orfebrería y la herrería adquirieron protagonismo como materiales maleables capaces de representar motivos naturales de la anatomía animal y criaturas fantásticas.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La llegada del Art Nouveau a México

Una actitud de rebeldía y progreso inspirada por la vida bohemia, la libertad como el fin último y la belleza como un eje rector no solo del arte, sino de la vida en general impulsaron al modernismo y su llegada a México fue bien recibida gracias al contexto social y político de los últimos años de gobierno de Porfirio Díaz.

Distintas construcciones nacieron influenciadas por los motivos modernistas, toda vez que una élite nacional que reconocía en todo lo europeo (y especialmente francés) un modelo a seguir como símbolo de status y distinción adoptó el estilo arquitectónico y decorativo de vanguardia.

Al tiempo que la mancha urbana de la Ciudad de México se expandía más allá del núcleo urbano, el nacimiento de nuevos barrios como la Colonia Roma y la Americana (actualmente Juárez) significó terreno fértil para casonas con recursos estilísticos propios del Art Nouveau, especialmente en lo que se refiere a la herrería y los vitrales.

El Art Nouveau no sólo dejó huella en los espacios públicos y civiles, sobre todo se cultivó en particulares, como tiendas y casonas de la Colonia Roma que en la actualidad han sido modificadas o se encuentran en desuso.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Los edificios más representativos de Art Nouveau en CDMX

Uno de los ejemplos más representativos de la importación del Art Nouveau en México es el edificio que alberga el Gran Hotel de la Ciudad de México construido en 1896 por Daniel Garza.

Aunque la fachada no corresponde con este estilo arquitectónico, la estructura interna que privilegia al hierro y su andar curvilíneo a través de barandales, arcos ondulantes y el recubrimiento con motivos naturales que cubre al elevador son algunos de los elementos mejor conservados del Art Nouveau en nuestro país, mientras el enorme vitral del techo diseñado por Jacques Grüber en 1908 para coronar esta obra resulta el elemento más vistoso del edificio.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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A unas cuadras de distancia, el edificio que fue el primer Palacio de Hierro (reconstruido tras un incendio como una réplica de la fachada del almacén parisino Le Bon Marché por el arquitecto francés Paul Dubois en 1888) aún guarda detalles Art Nouveau como los mosaicos en verde y oro que persiguen motivos vegetales. Al interior, la estructura de hierro es rematada con un enorme vitral en el techo que provoca un juego de luces cambiante durante el día.

Aunque en México el Art Nouveau no se impuso frente a otros estilos arquitectónicos tal y como ocurrió en Europa (el neoclásico y neogótico siguieron aplicándose en edificios públicos aún a finales del siglo XIX, como el Palacio de Minería), otros edificios como la primera fase del Palacio de Bellas Artes dirigida por Adamo Boari en 1905 abunda en recursos de esta vanguardia arquitectónica, por ejemplo, las serpientes que dan forma a los arcos, la herrería de ventanas y puertas en formas vegetales y otros ornamentos florales que se convierten en rostros humanos conforme se acercan a las ventanas de la fachada principal.

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En el norte de la ciudad, el edificio que actualmente es sede del Museo de Geología de la UNAM ubicado en Santa María de la Ribera posee un estilo ecléctico en cuyo interior el par de escalinatas con herrería que simula flores, farolas y vitrales emplomados con motivos geológicos, una muestra más de la huella que dejó este estilo arquitectónico y decorativo en México.

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