Comunal, una asociación civil que busca colaborar con las comunidades rurales de México

Bajo una filosofía social, Comunal ha desarrollado un proyecto colaborativo donde los pobladores de las comunidades son el centro del proceso.

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FE DE ERRORES: En el artículo “Comunal Taller de Arquitectura. Viviendas sociales de bambú en zonas rurales de México” publicado el pasado 23 de diciembre de 2019 en este sitio web, se publicó un artículo con información incorrecta sobre el proyecto “Producción Social de Vivienda. Ejercicio 02” de asociación civil Comunal. En el texto se usó el término “Vivienda social”, cuando debió ser “Producción social del hábitat”. Se mencionó que “surgió debido a un retraso en el desarrollo de casas financiadas por el gobierno”, y en realidad surgió como una iniciativa independiente. Se mencionó que los materiales de construcción fueron traídos de Estados Unidos, sin embargo, se emplearon materiales locales. Se dio por error el crédito a otro despacho arquitectónico, pero el proyecto pertenece a Unión de Cooperativas Tosepan Titataniske en conjunto con Comunal Taller.

Con el afán de aclarar los datos incorrectos previamente publicados, platicamos con
Jesica Amescua y Mariana Ordóñez, de Asociación Civil Comunal, para conocer y
compartir la verdadera filosofía de trabajo y visión del proyecto. Lamentamos los
inconvenientes que esto pudo haber ocasionado a Comunal Taller.

AD MÉXICO: ¿Cómo definen a Comunal?
COMUNAL: Comunal es una asociación civil sin fines de lucro cuya misión es
colaborar en el mejoramiento de las condiciones de vida y el habitar de las
comunidades de nuestro país, así como en el rescate y fortalecimiento de la
memoria territorial, a través de procesos participativos integrales que detonen la
valoración de los saberes locales, autonomía e intercambio de saberes,
reconociendo siempre a los habitantes como el centro de los procesos y la toma de
decisiones.

Desde Comunal, no concebimos a la arquitectura como una obra de autor o como
un objeto estático, artístico e inmodificable; sino como un proceso social
colaborativo, vivo, abierto y en evolución constante que permite a los pobladores
expresar sus ideas, necesidades y aspiraciones, reconociéndolos siempre como el
centro de los proyectos y la toma de decisiones. Es decir, visualizamos a los
habitantes como sujetos de acción y no como objetos de intervención.

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AD: ¿Cómo surge la idea de crear Comunal?
COMUNAL: Durante nuestros estudios fue evidente que existe una visión
hegemónica del papel del arquitecto, que dicta la forma de diseñar, la forma de
pensar y el tipo de proyectos que debe llevar a cabo.

Se nos enseña que somos los únicos poseedores de grandes ideas y soluciones a
los problemas de habitabilidad, cerrando las puertas a la participación e inclusión de
otros tipos de conocimiento. Aprendemos rigurosamente el lado técnico y artístico
de la arquitectura [forma, función, composición, relaciones espaciales, detalles constructivos, presupuesto, gestión de la luz, ejes de composición, materiales, etc.],
pero rara vez nos inculcan el aspecto más relevante: el lado humano [cultura,
necesidades, aspiraciones, ideales, expectativas, derechos humanos, hábitat,
identidad cultural, conocimiento constructivo local, formas de vida y cosmovisión].

Para nosotras fue una batalla encontrar durante nuestra carrera un discurso
académico y una forma de aprendizaje mutuo que visualizara a la arquitectura como
un proceso social participativo que surge del intercambio de conocimiento entre
diferentes actores. Un discurso que incluyera y valorara diferentes tipos de saberes,
y no solo aquellos producidos desde la academia, y que reconociera la gran
sabiduría constructiva que existe en los pueblos originarios de nuestro país. Incluso
vivimos, con gran decepción, el rechazo de algunos profesores que se negaron a
dar tutoría a proyectos que abordaban aspectos socioculturales participativos
porque no era un tema relevante para la arquitectura con “A” mayúscula.

Fue hasta nuestros estudios de posgrado que tuvimos la fortuna de conocer a
grandes pensadores críticos que no solamente reflexionaron sobre el rol del
arquitecto, sino que llevaron a cabo una práctica comunitaria con la cual nutrieron
dichas reflexiones, permitiéndoles teorizar desde la acción y gestar en nuestro país
una forma distinta de aproximarse a la arquitectura tomando como base la
Producción Social del Hábitat y el Diseño Participativo. Tal es el caso de Enrique
Ortiz, Gustavo Romero, Jorge Andrade, González Lobo, Suarez Pareyón y Óscar
Hagerman, entre otros.

Actualmente el 70% de las viviendas en nuestro país están construidas sin
asesoramiento técnico y mediante procesos de autoconstrucción gestionados por
los propios residentes, ¿por qué nuestros servicios no están llegando a este gran
porcentaje de la población? Es decir, estamos generando arquitectos capaces de
trabajar con un grupo social pequeño y privilegiado en nuestro país, sin embargo, no
estamos enseñando a los jóvenes a trabajar con la realidad de la mayoría de los
mexicanos.

Creemos que tanto la formación académica como la práctica profesional deben
llevarse a cabo desde la diversidad, inclusión y reconocimiento de las diferentes
realidades económicas, políticas y culturales que existen en México.

AD: ¿En qué consiste la Arquitectura Participativa?
COMUNAL:
La Arquitectura Participativa y la Producción Social del Hábitat [PSH]
no se limitan al proceso de diseño (actualmente visión muy popular en el gremio)
sino a todo lo relacionado con la creación del proyecto: gestión, administración,
diseño, construcción, presupuesto participativo, generación de estrategias,
implementación, evaluación y seguimiento.

Ser parte de la creencia, aparentemente radical para muchos, que los habitantes de
cualquier grupo social y contexto cultural tienen la capacidad para identificar sus
necesidades, proponer soluciones y tomar las decisiones adecuadas para el
desarrollo de su territorio.

Cómo menciona el arquitecto Gustavo Romero, "La participación no es una cuestión
de buena fe, asistencialismo o buena voluntad. No es la compartición de ignorancias
y voluntarismo altruista ni tampoco una simple cuestión metodológica de razón
instrumental. Desde la PSH, se entiende la participación como una postura
ideológica, política y democrática”. Creemos firmemente en la participación como un
derecho de las comunidades para decidir el futuro de su hábitat.

Bajo las estrategias participativas, los proyectos arquitectónicos se enriquecen
porque representan el consenso y el disenso entre los diferentes actores que
colaboran y contribuyen con su visión individual para formar una visión colectiva e
integradora.

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AD: ¿Cómo funciona la colaboración con las comunidades?
COMUNAL:
Colaboramos con grupos organizados que nos invitan a sumarnos a los
procesos sociales que han llevado a cabo para gestionar su hábitat. En este sentido,
evitamos imponer ideas, proyectos y procesos en comunidades que no han
solicitado acompañamiento social o asesoramiento técnico.

Aunque las colaboraciones ocurren en términos muy diferentes en cada localidad y
nuestro papel siempre responde a lo que solicitan los pobladores, los ejes bajo los
cuales trabajamos y permanecen en todas nuestras alianzas son: diagnóstico
participativo y entendimiento territorial, diseño participativo, gestión social, gestión
de fondos, evaluación participativa y políticas públicas. Es a través de éstas líneas
de acción que desarrollamos diversas estrategias para crear proyectos colectivos y
sistematizarlos, buscando siempre influir en la política pública de nuestro país.

AD: ¿A qué se refieren con procesos de construcción tradicionales?
COMUNAL:
Nos referimos a todos aquellos saberes constructivos, territoriales,
culturales, ambientales y productivos que se involucran en la creación de los
sistemas constructivos y formas de habitar que han desarrollado los pueblos como
producto de su relación afectiva con el lugar que habitan.

Es a partir de dichos saberes que las culturas originarias de nuestro país han
construido sabiamente empleando los bienes naturales de su hábitat [que no
recursos naturales]: adobe, bajareque, palma, madera, zacate, piedra y barro, entre
otros.

Estas formas de habitar deben entenderse como parte de la identidad cultural y
cosmovisión de los pobladores, pues además de darles cobijo, nutren su relación
con el territorio y fortalecen el tejido comunitario a partir de la construcción colectiva
y la ayuda mutua.

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AD: ¿Cómo ha sido su experiencia de alejarse de los proyectos urbanos y
adentrarse en entornos rurales?
COMUNAL:
En realidad no nos hemos alejado de las prácticas urbanas, de hecho,
nuestro trabajo reconoce la simbiosis que existe entre el campo y la ciudad pues
ambas formas de habitar están íntimamente relacionadas. Las ciudades no podrían
sostenerse sin el trabajo arduo que se realiza en el campo y sin los bienes naturales
que resguardan y defienden, incluso con la vida, los pueblos originarios.

En nuestro trabajo constantemente colaboramos con comunidades para evitar la
urbanización del campo y el abandono del mismo provocado por la migración de los
habitantes a las grandes ciudades. En este sentido, acompañamos procesos
colectivos para la recuperación de oficios y saberes tradicionales que abonen a la
subsistencia de las formas de vida rurales. Tal es el caso del proyecto “Escuela
Rural Productiva”.

AD: ¿Cuáles son las metas a futuro de Comunal?
COMUNAL:
Nos entusiasma seguir fortaleciendo nuestros vínculos con las
comunidades que colaboramos actualmente, acompañar nuevos procesos y
conocer nuevas culturas, explorar formas de participación cada día más profundas,
aprender de los procesos decoloniales que imaginan estructuras alternas de
organización social para construir nuevas formas de habitar y reconocernos desde
otra narrativas, incidir en la política pública de nuestro país para multiplicar el
impacto social y enfrentar, desde la colectividad, nuevos retos.

Tenemos muy claro que lo que nos motiva es el trabajo que se hace desde el
compañerismo, el respeto y el aprendizaje mutuo. Con base a esto, no buscamos
para nuestro futuro acumular proyectos en los que no podamos estar presentes ni
disfrutar el proceso comunitario. Lo que verdaderamente nos nutre y fortalece, tanto
espiritual como profesionalmente, es la posibilidad de construir alternativas desde el
sentir colectivo.