Los orígenes de la emblemática arquitectura de Mérida

Descubre la historia de la emblemática arquitectura de Mérida y sus características particulares.

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Recientemente nombrada como la mejor ciudad del mundo para visitar, Mérida es una de la ciudades más ricas en arte y cultura del país. Su estilo arquitectónico es amplio y ha logrado cautivar a artistas, arquitectos y diseñadores a través de los años. Hoy siendo uno de los lugares más hot para visitar en México, hacemos un repaso sobre la historia arquitectónica de la bella capital de Yucatán.

Ubicada en la península del estado, Mérida se fundó en 1542 por el militar español Francisco de Montejo. Fue uno de los primeros lugares en el país en ser colonizado, dejando una clara influencia española en sus edificaciones que se diferencian del resto de México. El resultado fue un estilo colonial que ha resistido el paso de los años y de la arquitectura moderna.

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Su periódo colonial se dio a mediados del siglo XVI cuando al mismo tiempo que se fundaba la ciudad, se establecían las normas urbanas de España en esa época, y se mantuvo así hasta finales del siglo XIX.

La ciudad se comenzó a organizar de manera jerárquica, con una plaza central, catedral, obispado, casas reales y residencias. Su tipo de construcciones tuvo que ver con la orden franciscana que ocupó la ciudad durante la conquista, quienes con poco carisma y buscando economizar construyeron iglesias sencillas, rectangulares y de una sola nave, con atrios, puertas porciúncula y capillas abiertas. Diferentes a las que se ven en el resto del país. 

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Un siglo después, a principios del siglo XVII Mérida inició su expansión y pueblos como Santa Lucía, San Juan, Santiago y San Cristóbal se integraron a la capital. En el siglo XVII se consolidó como una estructura urbana y para el siguiente siglo había más de cien manzanas con construcciones permanentes que pertenecían a los más ricos del Estado.

Aquellas construcciones, muchas de ellas aún en pie, se caracterizan por tener un volumen prismático simple, acabados sin regla de cal bruñida, acabados de rajuela de piedra, arcos de medio punto, columnas toscanas, balcones ajimezados o al ras del muro con barrotes de madera, remates de pináculos, elementos de cantera y cornisas de piedra.
 

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Fue hasta el periodo del Porfiriato que Yucatán volvió a dar un cambio drástico. El auge en su economía le dio prosperidad arquitectónica durante los treinta años en los que Porfirio Díaz estuvo en el poder. Se construyeron El Paseo de Montejo y el de Reforma, llenos de grandes residencias y la producción de henequén -un tipo de agave- fue tan grande que paralizó otro tipo de actividades económicas. Este hecho tuvo consecuencias en las corrientes artísticas de Mérida.

Gracias al flujo de riqueza, los políticos y hacendados comenzaron a exportar las modas de vanguardia y tomaron el control cultural de la identidad yucateca, hecho que influyó en la arquitectura local.

El estilo arquitectónico comenzó a transformarse y a adaptar modas de corte ecléctico. Al mismo tiempo que la red ferroviaria y las vías de comunicación estaban en pleno desarrollo. Estos avances hicieron que los millonarios de la época buscaran el mejoramiento de la capital.
 

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El antiguo sistema de alumbrado de lámparas de petróleo dio paso a los focos eléctricos que iluminaron las calles del centro y otros intentos de progreso. Poco a poco, la ciudad se fue transformando y varios edificios para instituciones públicas se construyeron, como el Registro Civil en 1905, los hospitales O’Horan y Ayala en 1906 y el Palacio Federal, en 1908. 

En el centro, nuevas manifestaciones arquitectónicas surgieron sin dejar de lado el estilo colonial ya existente, y poco a poco otras fueron añadiéndose convirtiendo la arquitectura de Mérida en la joya que conocemos hoy en día.

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