Luis Barragán y su idea residencial alrededor de Ciudad Satélite
El arquitecto mexicano planeó un fraccionamiento con vocación campestre al norte de la ciudad; de ese proyecto, hoy sólo quedan elementos deteriorados.
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En plena década de los cincuenta, cuando el arquitecto mexicano Luis Barragán había realizado varias de sus obras más reconocidas (su propia casa-estudio en Tacubaya, la capilla del convento de las capuchinas y la intervención en el Pedregal), emprendió la tarea de idear una colonia con vocación residencial y deportiva -principalmente enfocada en la equitación- al norte de la ciudad.

El proyecto se veía de forma paralela a las ideas de la época y planes del gobierno de crecer urbanísticamente hacia fuera del entonces Distrito Federal. El propio Mario Pani ideó en aquellos años la metrópolis del futuro en el proyecto de Ciudad Satélite, un ambicioso plan en el que concebía un espacio urbano con límites y capaz de satisfacer las demandas de sólo un número determinado de habitantes. De hecho, esta sería la primera de varias ciudades similares que se formarían a manera de órbitas alrededor de la capital.

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De este proyecto, Barragán fue partícipe al diseñar el elemento monumental, las Torres de Satélite, que delimitaría dicha ciudad en su frontera sur respecto al Distrito Federal. De la mano de Mathias Goeritz, el planteamiento final para la encomienda de marcar el inicio de la nueva ciudad fueron estas cinco estructuras verticales de planta triangular, cuya relación con el espectador en movimiento hacen que cambien de proporciones. Además, su textura en hormigón con estrías y los colores brillantes fueron elementos distintivos, así como situarse en una plancha a desnivel sobre lo que se pensó sería una glorieta.

Pero más allá de Satélite, y su inacaba construcción, Barragán puso la mira en los terrenos circundantes, alrededor de Atizapán y Tlalnepantla, para establecer su propia idea de fraccionamiento. En ese momento, ya venía de haber construido el Parque Residencial Jardines del Pedregal de San Ángel, donde había transformado de forma importante el paisaje volcánico para crear una elegante zona residencial junto a un apacible espacio público.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Con esta experiencia, las Arboledas comenzó a gestarse entre los 50 y 60 como un espacio que aprovecharía la vegetación del lugar, propiciaría el descanso y la contemplación, y daría protagonismo a los caballos y jinetes.

Para ello, y muy al estilo creativo de Barragán, se colocaron muros de diversas dimensiones y colores, bebederos para caballos y fuentes, e incluso una avenida principal adoquinada con cantera rosa (llamada Paseo de los gigantes), todo con la idea de dotar de jardines y plazas a los habitantes de la zona, que debían estar en mayor interacción con la vida externa pero apacible.

El elemento culminante de esta propuesta se dio años después a unos metros de las Arboledas, en el proyecto Los Clubes: un plan que incluye la Casa Ergestrom, las Cuadras San Cristóbal y la fuente de los Amantes, todo ello con la clara vocación equina y la síntesis de Barragán: el uso del agua, los colores, la abstracción y contemplación, y los volúmenes.

A casi 60 años de distancia, todos estos elementos han cambiado totalmente. Las Torres de Satélite han sido remozadas e incluso en últimos años se les añadió iluminación especial para destacar su valor escultórico. 

En las Arboledas, además de poblarse y dar paso a los autos, las obras de Barragán, principalmente las fuentes, se encuentran deterioradas, mientras que San Cristóbal es un espacio semi abierto al público. Sin embargo, siguen como ejemplos que complementan la arquitectura intimista y doméstica de Barragán, junto a los proyectos urbanos que se quedaron en el camino.

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