Diseño neoprovenzal reinventado en la Riviera Francesa
Colores vivos, patrones y mobiliario escultural transformaron este hogar.
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Diseño Interior: Charlotte Biltgen

La propietaria de esta vivienda cerca de Antibes, en la Riviera Francesa—una consultora financiera radicada en Zurich con tres hijos— sabe lo que hace. Perteneció a sus padres por 15 años y en ese entonces lucía muy distinta.

Como ella recuerda: “Era muy neoprovenzal”. De finales de la década de 1980, el exterior estaba pintado de amarillo pálido y ostentaba un estilo clásico con columnas de piedra a ambos lados de la puerta principal y en la fachada posterior. El interior era de mármol rosa con dorado y espejos, y las paredes de la sala de estar estaban cubiertas por libreros de roble de piso a techo. “Mucha gente de la edad de mis padres se hubiera mudado tan sólo con sus cepillos de dientes y les habría encantado”, bromeó.

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Ella y su esposo, sin embargo, tenían otras ideas. Cuando la adquirieron el año pasado, decidieron cambiar prácticamente todo. Con el fin de transformarla, recurrieron a la interiorista radicada en París, Charlotte Biltgen, quien trabajó como directora creativa de India Mahdavi antes de establecer su propio despacho en 2014.

Desde entonces, sus proyectos han incluido Clover, el comedor en París del chef François Piège, quien ha obtenido dos estrellas Michelin, y dos restaurants en Tokio. “A la estructura le faltaba coherencia”, comentó sobre su primera visita a la casa. “Se suponía que era una residencia de vacaciones, pero no era nada veraniega. El interior era un poco oscuro, con una sucesión de cuartos pequeños”.

Su trabajo inicial fue predominantemente arquitectónico. Rediseñó todas las puertas y ventanas, y decidió instalar un piso de piedra en todas las áreas públicas. “Es muy gráfico y me parece que ayuda a dar una sensación de mar”, señaló. También abrió la cocina, que antes estaba enterrada al fondo de la vivienda. “No se podía ver hacia afuera, lo cual era absurdo, pues la vista desde la casa es magnífica”, comentó la propietaria. “Ya puedo disfrutar de un café en la mañana mientras miro fijamente el Mediterráneo”.

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Ahora, la cocina está separada del comedor por una división de metal laqueado que consiste en círculos entrecruzados, la cual permite ver de un lugar al otro. Para Biltgen, el motivo es una reminiscencia de los años 50 y típico de la costa. “En Niza hay diseños similares a éste en muchos edificios”, explicó. “En Promenade des Anglais, se observan muchos de ellos en los barandales. Para mí, es una parte integral del vocabulario arquitectónico de la Riviera Francesa”.

Se repitieron muchos motivos similares en el inmueble, ya sea en las balaustradas o en las ventanas que enmarcan la puerta principal. Otros elementos recurrentes incluyen nichos, los cuales se integraron a muchas de las habitaciones. “Éstos dan una sensación de protección”, comentó, “y son una buena manera de añadir impacto visual a la habitación”. También hay una interacción interesante entre los motivos, ya sea en las telas, los tapices o los tapetes, y los toques de tonalidades vivas están por toda la casa.

Una de las características más peculiares del proyecto es el empleo de ciertos materiales. Varias piezas de mobiliario incluyen mimbre, el cual se usa con frecuencia en el sur de Francia. “Otorga una sensación relajada y rústica que lo hace apropiado para casas de vacaciones”, afirmó Biltgen. La marquetería de paja en el dormitorio principal resulta exquisita. “La elegí por la forma en que refleja la luz del sol”, explicó la diseñadora. “Además, la habitación es bastante pequeña. Así que quise hacerla un poco más hermosa, como un joyero”.

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En el baño de arriba las baldosas de piedra aluden a la orilla del mar, así como las fotografías. Sobre el escritorio del cuarto de huéspedes hay una foto súper chic de Slim Aarons titulada Boat Landing.

En contraste con la imagen fresca que se proyecta, buena parte del mobiliario es relativamente sofisticada. Hay mesas vintage de Osvaldo Borsani y Roger Capron, y luminarias diseñadas por Vilhelm Lauritzen y Angelo Lelli.

Biltgen también deseaba incluir piezas hechas a la medida, como el sofá serpentino de la sala de estar. Fue creado a petición de la propietaria, quien quería un diván desde el que fuera posible observar tanto la habitación como el mar.

Las cosas que la propietaria conserva de sus padres son sólo dos: un paragüero y una obra de papel maché del artista alemán Wolfgang Heuwinkel. Dicho esto, mucho de lo que fue retirado no se fue a la basura. Varios de los trabajadores se quedaron con los lavabos, puertas, libreros y trozos de mármol. “Estaban totalmente encantados”, dijo la propietaria entre risas. “Creo que todo eso se encuentra en diferentes casas en algún lugar de Rumania”.