Carla Fernández
La diseñadora de modas nos explica la importancia que tiene el comercio justo en México.
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Carla Fernández es una mujer con un nivel de consciencia preponderante e integral. Sí, su firma homogénea está firmemente consolidada en la sustentabilidad y el comercio justo desde hace casi veinte años –cuando fair trade y reciclaje eran ideas que apenas se escuchaban en la industria de la moda, especialmente en México–, pero el alcance de su observación no se limita a una ideología, más bien es una característica propia de su personalidad que se extiende a cada una de las decisiones que toma.

El acercamiento de Carla a la moda es integral. Ella se percata de la importancia que tiene el aspecto comercial en la creación creativa, del valor que recae en conocer a sus proveedores y formar nuevas microeconomías, de las tendencias que están por emerger a nivel nacional e internacional, de la necesidad de educar tanto a consumidores como a profesionales y del poder histórico que se resguarda en el arte popular de México.

“No podemos seguir consumiendo de manera irresponsable”, declara la originaria de Saltillo “comprando constantemente moda pronta que contamina al planeta o prendas que no sabemos quién las hizo”.  
 

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En su marca predican con el ejemplo. “Nosotros trabajamos con mujeres indígenas que viven en sus comunidades, que producen a ritmos diferentes y tienen un saber hacer milenario”, nos explicó Carla “conocemos a todos nuestros proveedores, les pagamos de manera justa y permitimos que obren desde sus pueblos natales para que no se separen de sus familias”. En cuanto a la sustentabilidad, las últimas colecciones que ha lanzado emplean telas recicladas. Asimismo, están por implementar un servicio en el cual sus clientes pueden remendar piezas viejas en su taller; aportando así, a la creación de una economía circular.

Esta postura tiene un efecto palpable en cada etapa del proceso de manufactura hasta llegar al producto final. La maestría artesanal, la atención al detalle, el trabajo a mano y las tonalidades que reflejan la riqueza cultural de las primeras naciones. “México es un país donde el uso del color es extremo; sin embargo, en la gama y el uso, siempre somos elegantes”, nos compartió la diseñadora. “La paleta cromática de nuestras colecciones depende mucho del trabajo de las artesanas. Nosotros les damos una gama y ellas compran los hilos, que muchas veces son de matices diferentes, y los combinan a su gusto. En este sentido, nuestro uso del color resulta de una colaboración creativa”.

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Carla fue una de las invitadas a la última edición de Comex ColorLife Trends, donde la marca convocó a creadores de diferentes ámbitos para conversar sobre la importancia de las tonalidades y crear nuevas gamas cromáticas para el 2019. “Fue una experiencia muy interesante, fui con muchos compañeros a los que admiro mucho. El color del año –Emilia– lo escogimos inspirándonos en lo prehispánico. Entre nosotros lo apodamos como “Tortilla Azteca”, pues sabemos que la tendencia actual es todo aquello perteneciente a las culturas indígenas”.

El futuro de Carla Fernández, marca y mujer, se augura tan colorido como brillante. Actualmente, tienen su flagship store en Marsella 72 en la colonia Juárez. Además de funcionar como tienda, usan este espacio para ofrecer al público general diferentes talleres con artesanos y profesionales de la industria que van desde sustentabilidad y comercialización hasta técnicas artesanales de bordado otomí. “Estamos tratando de compartir conocimiento de todo el mundo, incluyendo el de las comunidades indígenas”, dijo la creativa “queremos que la gente conozca el valor de poseer este tipo de piezas. Al adquirirlas, te vuelves una persona muy importante en toda la cadena de producción y una pieza clave en frenar la extinción de las artesanías”.