"That Far Corner-Frank Lloyd Wright in Los Angeles" el documental que revela el paso del arquitecto por aquella ciudad

Tras un suceso caótico California acogió al célebre arquitecto donde pudo reinventarse.

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Fank Lloyd Wright se mudó a Los Ángeles sólo seis meses después de haber sepultado a Mamah Borthwick junto a una discreta capilla en Wisconsin. La mujer, con quien el arquitecto había escapado a Europa en 1909 dejando atrás a su familia, había sido asesinada dentro de la casa diseñada por el arquitecto junto a otras cinco personas por un empleado doméstico.

Al llegar al sur de California en 1915, Wright halló un bullicioso espíritu entre los aventureros que comenzaron a migrar en las dos primeras décadas del siglo XX al conocido como “el último rincón de los Estados Unidos”.

Por esos primeros días donde todo resulta novedoso, Frank visitó la Panama California Exposition en la ciudad de San Diego. Ahí, por primera vez, y casi por cumplir cinco décadas de vida, se encontró cara a cara con los diseños precolombinos de culturas del centro y sur de América.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La revelación de formas, íconos, gráficas y técnicas de construcción de mayas y aztecas hizo que el arquitecto nacido en Richard Center, Wisconsin, se encontrará con un nuevo mundo de posibilidades estéticas que podría proyectar en su trabajo en los próximos años.

En el documental That Far Corner: Frank Lloyd Wright In Los Angeles, el crítico de arquitectura, Christopher Hawthorne explora la forma en que Wright quería reinventarse en la segunda década del novel siglo, como muchos otros en el sur del país, y el encuentro con las culturas precolombinas hizo que construyera varias de las obras más representativas en Los Ángeles.

Aunque nunca visitó unas ruinas prehispánicas, Wright adoptó la simbología de culturas como la Maya para integrarlas en sus propuestas arquitectónicas.

Según la investigación de Hawthorne, Wright quería crear genuina y original arquitectura americana. Durante toda su vida, en obras previas, y en contra de las propuestas de la época, negó la arquitectura romana, griega y victoriana. Todo parece indicar que en la tradición precolombina encontró una forma de lograr una integración de la cultura americana.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Wright argumentaba que la arquitectura precolombina tenía más de elementos de la cultura americana que de la española y que la cultura y el paisaje de Los Ángeles más en común con el México precolombino que con Nueva York o España.

“El siempre fue un nacionalista cultural determinado en encontrar la raíz de la cultura americana”, dice en el documental Thomas Hines, profesor emérito de la Universidad de California. Al mismo tiempo, Frank comenzó a experimentar con un material que estaba prácticamente cesado por los constructores de la época, el concreto.

Según el material, al principio del siglo XX, el concreto era considerado un material feo, barato y sin carácter porque no proviene de la naturaleza.

A pesar de las críticas y sin importarle lo que los críticos pudieran decir, Wright comenzó a experimentar con el uso del concreto y la posibilidad de crear pequeños cubos con elementos prehispánicos grabados. Así, logró fabricar bloques que podían ser colocados unos sobre otros.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Con esta técnica, y alternando viajes a Japón para construir el Hotel Imperial, el arquitecto comenzó a trazar varios proyectos hasta que logró la A.D. German Warehouse de vuelta en su natal Wisconsin.

De regreso en California, recibió la invitación de una mujer acaudalada para construir una casa en Olive Hill. Ahí, con la misma técnica, construyó la Hollyhock House, una maravillosa residencia “casi teátrica”, según la define Hawthorne.

A la primera villa, le siguió la Alice Millard House, también conocida como La Miniatura, construida en 1923 en Pasadena, California. La casa es un espacio integrado, una característica fundamental en el trabajo de Wright, pero también es dramática, cerrada. En los bloques utilizados en su construcción, el arquitecto utilizó una cruz que para los Aztecas simboliza el oro.

Otro ejemplo de este periodo integrador de Wright es la John Storer House, construida en 1923 en Los Ángeles. El lugar parece más un templo que la Millard House y tiene una evolución de los bloques de concreto con un sistema de instalación con barras de acero. La instalación de los bloques fue muy difícil por la situación sinuosa del terreno, un proyecto que resultó catastrófico porque su dueño original nunca tuvo una intención real de ocuparla, incluso, dice el documental, sólo quería venderla.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La tercera vivienda es la de Charles y Mabel Ennis House, entre 1923-24. Conocido como El Palacio Maya, resulta la casa más impresionante en este periodo californiano. “Es una apoteosis de la visión de los templos precolombinos de Wright. Es monumental e impenetrable, pero no íntima”, dicen sus críticos. La han ocupado en varias películas de Hollywood, como Blade Runner de 1982, Day of the Holocaust 1972 y Sunset Boulevard 1950.

La cuarta y última propiedad construida con esta técnica en Los Ángeles es la de Samuel y Harriet Freeman House, 1923-1924. Fue concebida como el hogar de una pareja bohemia, pero luego fue donada y prácticamente abandonada hasta que hace poco, la adquirió una pareja que se conocieron en la misma propiedad cuando eran estudiantes, aunque tiene múltiples problemas estructurales. A diferencia de las otras tres propiedades, la Freeman House parece que no resistirá el irremediable paso del tiempo.

“Si quieres construir en armonía con el entorno (como Wright lo hizo), tienes que entender que el entorno tiene una vida propia”, dice en la pieza Kathryn Smith. “Como todo (las obras) tienen una vida, y debe de terminar. Sé que suena terrible en una forma americana de ver la vida, pero quizá así es como ocurra con la Freeman House”.

Fank Lloyd Wright dejó California para volver a su natal Wisconsin en 1923. Ahí, como una conexión permanente con el último rincón de Estados Unidos, se quedó viviendo su hijo Frank Lloyd Wright Jr.

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