La estética cinematográfica de Kubrick
Perfeccionista y meticuloso, el director de cine creó un hito no sólo por sus polémicos filmes, sino por los recursos visuales que usó con maestría.
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Poco más de una decena de películas bastó a Stanley Kubrick para ganarse un lugar como referente del séptimo arte. Sus cintas han sido aplaudidas por críticos y público en general lo mismo por la profundidad de sus temas y los simbolismos que por el trabajo técnico en el que la fotografía y la construcción de escenarios jugaron un papel importante.

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Justamente estos últimos aspectos le confirieron una estética especial a su filmografía, producto de su gusto por las cámaras fotográficas desde su adolescencia, el sentido obsesivo con el que se conducía y su trabajo siempre apegado al realismo extremo. Para comprobarlo, repasamos los elementos distintivos de esta labor creativa particular de Kubrick.

El uso de la luz

De forma importante, Kubrick apeló a este recurso como elemento mismo de la historia. Para integrarlo, su sistema de iluminación era sumamente complejo: lo mismo recurrió a rebotes de luz con espejos e intensidades de focos para enriquecer visualmente las escenas.

En Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?, es posible apreciarlo durante las escenas en el dormitorio de los generales Buck, la oficina de Ripper y la sala de guerra. Otro caso memorable es la cinta Barry Lyndon, grabada con luz natural y con velas en las escenas nocturnas o de interior mediante objetivos de cámara muy luminosos y el tratamiento especial del negativo. Además, la NASA misma ayudó con objetivos únicos para que pudiera rodarse con unas lentes que captaban más luz de la que había en la escena.

La escenografía y la arquitectura

Todo lo que aparece en una escena construida por Kubrick tiene un porqué. Con este sentido meticuloso fue que se preocupó lo mismo por reflejar los elementos estéticos de la época como diversos significados ocultos en objetos que a simple vista lucen como accesorios. Ejemplos hay muchos: el papel tapiz y la geometría en la alfombra, ambos de El resplandor; los interiores en Naranja Mecánica o los osos de peluche en Ojos bien cerrados.

El realismo de los sets también es subrayable, pues la intención era que todo luciera tal cual se usara en la vida diaria. Para Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? hizo uno de los diseños más impresionantes en la llamada sala de guerra, recreada a partir de maquetas expuestas a distintos tipos de luz, brillos y colores. Para el caso de 2001: Odisea en el espacio, no sólo creó una forma de diseño única que apelaba a líneas sencillas y falta de ornamentos, sino que el aspecto de la nave y de los trajes espaciales fue encomendado con la premisa de que todo pudiera ser usable en el espacio.

Y en cuanto a la arquitectura, la integra a los relatos como una forma de mostrar la deshumanización del propio ser humano. Piezas de brutalismo, ángulos de cámara bien planeados para dar una perspectiva más potente y hasta la intención clara de mostrar espacios vacíos son la constante en el trabajo de Kubrick.

La simetría

Finalmente, la estructura de composición visual es también un recurso constante en los filmes del director estadounidense. Su gusto por la fotografía lo llevó a crear tomas totalmente simétricas, en cuyo centro de la mirada aparece un objeto o personaje. Con esto puesto, se crea el sentido de perspectiva, y es gracias a líneas de profundidad que se motiva a avanzar sobre la secuencia.

Sin embargo, la simetría parece tener un propósito más allá de lo estético: generar un equilibrio capaz de perturbar al espectador y darle el efecto psicológico de que algo está por ocurrir y que interrumpirá la perfección que visualmente existe.