Los legados arquitectónicos de los Juegos Olímpicos de México 68
Qué mejor manera de celebrar, y recordar las competencias, que con algunas de las obras que han trascendido en el tiempo
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Exactamente hace 50 años se hizo la inauguración de las primeras olimpiadas en México y Latinoamérica. La justa implicó varios hitos para el momento en el que se desarrollaron: fueron las primeras que se transmitieron por televisión vía satélite, que eligieron a una mujer para encender el pebetero, y que realizaron pruebas de dopaje entre los atletas. Todo esto volvió la fiesta del deportismo en un acontecimiento memorable, sin embargo, hubo otros elementos distintivos bien definidos.

El diseño y la arquitectura jugaron un papel protagónico en los Juegos. El primero estuvo a cargo del diseñador gráfico estadounidense Lance Wayman, e incluyó un logo que ha trascendido en el tiempo, así como los iconos de las disciplinas deportivas. En cuanto a la arquitectura, se reusó infraestructura existente y se crearon siete complejos, cuatro de ellos de reconocidos arquitectos.

A la distancia, estas estructuras siguen presentes en la vida de la Ciudad de México, y las destacamos como celebración y reconocimiento de su innovación en la arquitectura moderna.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La villa olímpica
A cargo de los arquitectos Manuel González Rul, Carlos Ortega Viramontes, Agustín Hernández y Ramón Torres, fue el complejo habitacional destinado a albergar a los atletas.

Se trata de una treintena de torres de hasta 13 pisos, y en las que también hay una importante infraestructura deportiva como gimnasios, una alberca y pistas. Su valía fue que desde un inicio fue concebida como una zona que pudiera ser habitada tras los Juegos; por ello, los departamentos fueron vendidos e incluso se amplió en unos 20 mil metros.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La alberca y gimnasio olímpico
La Alberca Olímpica Francisco Márquez recibió las competencias de natación, waterpolo, saltos y pentatlón moderno. Entre sus más célebres episodios está cuando el nadador mexicano Felipe “El Tibio” Muñoz ganó la medalla de oro en los 200 metros planos estilo pecho. Actualmente tiene una capacidad para más de 4 mil espectadores y es sede de diversas actividades acuáticas de carácter internacional o para los propios habitantes de la ciudad.
En el gimnasio Juan de la Barrera se realizaron las competencias de voleibol, su capacidad actual es de más de 5 mil espectadores, y en él se realizan lo mismo funciones de lucha libre que competencias internacionales de gimnasia.
Ambos inmuebles, creados por Manuel Rosen Morison, Antonio Recamier Montes y Edmundo Bringas, destacan por su peculiar arquitectura, en especial los techos suspendidos de forma cóncava. De hecho, son resguardados por las autoridades culturales dado su valor histórico.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El palacio de los deportes
Conocido popularmente como “el domo de cobre”, es uno de los iconos que pasa imperceptible al aterrizar en la Ciudad de México. Fue creado por los arquitectos Félix Candela, Enrique Castañeda y Antonio Peyri, sin embargo, queda muy bien definido el estilo Candela en él: el cobre para cubrir una gran superficie circular libre de columnas. A esto se le suma su forma geodésica y los remanentes del Palacio de los Deportes de Roma, hecho para los Olímpicos de 1960.
Su función en 1968 fue albergar los juegos de basquetbol, pero a la distancia se ha convertido lo mismo en lugar de conciertos como de ferias y exposiciones.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Estadio Olímpico
Alberga actualmente 52 mil personas, y es el segundo más grande de la ciudad, después del Estadio Azteca. Aunque se inauguró en 1952, para 1968 tuvo modificaciones en la pista y el campo, se le sustituyeron las torres de alumbrado y el pebetero, se le agregó una rampa para ingreso de los deportistas, y se le colocó una pizarra electrónica en lugar del marcador.
En nuestros días también es sede de los clubes de futbol americano colegial y futbol profesional de la Universidad, y de diversas actividades deportivas, como por ejemplo ser la meta del Maratón de la Ciudad de México.
El estadio olímpico además tiene valor en su imagen gracias al mural de Diego Rivera denominado "La Universidad”, que enmarca su fachada principal. En dicha pieza hecha en piedras de colores naturales se muestra el escudo universitario, tres figuras que representan a la familia, unos atletas, hombre y mujer, y una enorme serpiente emplumada.
Por otra parte, la forma asimétrica de las graderías del estadio -con el lado poniente más desarrollada- acentúa el final de la composición del proyecto en conjunto de la Ciudad Universitaria, y que remata así su eje principal.