Fallece Alicia Alonso, la célebre bailarina cubana

Su estilo la convirtió en un estandarte del ballet clásico en el mundo.

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Los grandes escenarios del mundo despiden a Alicia Alonso, la renombrada bailarina cubana que se autodenominó como la "prima ballerina assoluta", título que pocos podrían discultirle al ser una embajadora del ballet clásico en el mundo. Alicia tuvo una de las carreras más largas y fructíferas en la danza, que comenzó a temprana edad en Cuba, donde en 1931 a los 11 años, debutó como bailarina con la pieza 'Gran Vals'.

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A finales de los años treinta viajó a Estados Unidos, donde continuó su formación en School of American Theatre. Su talento la llevaría a formar parte de icónicas presentaciones con renombradas figuras de la época, antes de integrarse al American Ballet Theatre de Nueva York en 1940. Ya con el título de 'prima ballerina' empezó a recorrer los mejores teatros del mundo, donde su papel como el personaje de la campesina ingenua, romántica y engañada de 'Giselle', la consolidó como una de las mejores del momento y la interpretación más memorable de su vida.

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Durante este periodo Alonso trabajó con grandes coreógrafos como George Balanchine, Léonide Massine, Jerome Robbins, Agnes de Mille, entre otros, que la llevaron a tener contacto con Ballet del teatro Bolshoi de Moscú y, ser la única bailarina americana en colaborar con la compañía. Sin embargo, el hito de su carrera ocurriría en 1948 con la fundación del 'Baller Alicia Alonso' en La Habana, el primero en su tipo en la isla. Esta academia impulsaría la danza en el país y se transformaría en 1959 en el 'Ballet Nacional de Cuba' (BNC), con el apoyo gubernamental de Fidel Castro. 

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Realizó varias giras internacionales por Europa, Asia y América, hasta a principios de 1970, cuando dejaría momentáneamente los escenarios, a causa de un defecto de visión que había padecido desde niña y se intensificó. A pesar de haber perdido parcialmente la visión, en 1974 regresó a bailar, después de entrenar para moverse de acuerdo a las siluetas de los bailarines y las luces del escenario. A la par, continuó con su labor de supervisar las coreografías de la BNC, labor que realizó por el resto de su vida. Su retiro oficial de los escenarios fue hasta 1995, después de pasar 64 años interpretando las obras más hermosas en el repertorio del ballet clásico. Su vida fue la danza y eso lo demostró en todo lo que hacia, lo que la hizo merecedora de varios reconocimientos internacionales como la condecoración francesa de Oficial de la Legión de Honor y la Encomienda de la Orden Isabel la Católica. 

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