Conoce a los pilares de la danza en México

Un puñado de bailarines moldeó la escena nacional en los años postrevolucionarios y dio pie a las compañías, escuelas y espacios de danza que hoy disfrutamos.

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La historia de la danza de concierto mexicana se remonta apenas a los años treinta del siglo pasado, cuando se fundó en el país la primera institución oficial con miras profesionales: la Escuela de Danza de la SEP (1932). En esas aulas se formaron las generaciones pioneras en el campo nacional, quienes al paso de los años se convirtieron en los máximos exponentes desde diversos géneros.

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Para reconocerlos, y celebrar este arte, recorremos el camino de cinco de ellos, figuras emblemáticas que trascendieron su época.

Las hermanas Nellie y Gloria Campobello

La danza nacional no podría entenderse sin estas dos mujeres. Nellie (1900-1986) fue directora de la Escuela Nacional de Danza desde 1937, impulsó ballets de masas, piezas de temática nacionalista y la creación de un ballet mexicano, y formó a los primeros alumnos de este arte. Además, promovió la carrera de su hermana, Gloria, a quien convirtió en la primera ballerina de México gracias a la influencia que obtuvo en esta escena desde el momento en que por encomienda del presidente Lázaro Cárdenas creó la icónica coreografía “Ballet 30-30”, que conmemoró la revolución mexicana.

Luego, pasó lo mismo de obras propias y de tono netamente mexicano como “Alameda 1900” e “Ixtepec”, a piezas más apegadas al clásico reversionadas, por ejemplo “Las sílfides”. Se mantuvo al frente de la END hasta 1984, que hacia finales de esa década cambió de nombre a Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello, bajo el auspicio del INBA.

Por su parte, Gloria fue una importante bailarina que también se dedicó a la docencia y ejerció como coreógrafa. Murió en 1968 a los 51 años.

Guillermina Bravo

Perteneció a las primeras generaciones formadas por las hermanas Campobello, sin embargo, abandonó la END para tomar clases con Estrella Morales, profesora que se había independizado de la Escuela Nacional, pero que ya tenía una carrera iniciada desde los años veinte. En ese contexto fue descubierta por la bailarina y corógrafa estadounidense Waldeen von Falkenstein y participó en el llamado Ballet de Bellas Artes que aquella hizo durante los cuarenta. Después, inició su formación autodidacta y junto con compañeros bailarines de su generación creó el Ballet Nacional de México, que es considerada la primera compañía de danza moderna independiente del país.

A Bravo se le deben más de 50 coreografías, programas de enseñanza de la danza, el impulso de la danza contemporánea en México e incluso la organización de la Facultad de Danza de la Universidad Veracruzana y del Centro Nacional de Danza Contemporánea de Querétaro. Murió en 2013.

Amalia Hernández

También alumna de la Escuela Nacional de Danza, contemporánea de Bravo, salió de la institución por problemas con la directora Nellie Campobello y se unió a un pequeño taller dancístico llamado Ballet Moderno de México, del que se volvió directora hacia 1952, y en el que incluyó el repertorio de la danza folclórica. De forma paralela creó el Ballet de México, con el que participaba en un programa de televisión. A partir de esta exposición pública, las autoridades de Turismo la invitaron a llevar su compañía a festivales en Canadá, Cuba y hasta Los Angeles, pero fue hasta 1959, cuando representó a México en los Juegos Panamericanos de Chicago, que adoptó el nombre de Ballet Folclórico de México.

A partir de entonces, el éxito llevó a Amalia Hernández y su compañía a otro nivel. El entonces presidente de México, Adolfo López Mateos, ofreció su apoyo para convertirlo en el mejor ballet del mundo; en consecuencia, el INBA comenzó a programar cada domingo funciones del espectáculo de Hernández en el Teatro del Palacio Bellas Artes.

Bailarina, coreógrafa e impulsora de la danza regional mexicana, Hernández sigue presente en la escena nacional gracias a su compañía, que continúa presentándose en México y el mundo.

Gloria Contreras

Coreógrafa, bailarina y promotora de la danza. Estudió en México y Estados Unidos, en donde tuvo contacto con importantes maestros de la danza en el siglo XX, como George Balanchine. Además, estuvo becada en la School of American Ballet y tuvo una pequeña compañía en Nueva York: The Gloria Contreras Dance Company.

En 1970, la Universidad Nacional Autónoma de México la invitó a regresar a nuestro país para fundar el Taller Coreográfico de la UNAM, en el que cumplió con tres propósitos: tener un repertorio original y variado, conformar un público sensible para la danza y buscar el respeto para la carrera de la danza en México. Entre su repertorio se cuentan casi 200 coreografías propias, de las que destaca “Huapango”, premios nacionales e internacionales y el ser considerada un referente de la danza contemporánea.

José Limón

Si bien nació en México en 1908, buena parte de su carrera la hizo en Estados Unidos, donde estudió formalmente con Doris Humphrey y Charles Weidman, figuras revolucionarias de la danza contemporánea en Estados Unidos. Tras ello, logró fundar su compañía y crear piezas sobre temas hispanos. Además, visitó México en varias ocasiones para impartir cursos y repasar aspectos de teoría de la danza. Sin embargo, su mayor aportación al terreno de la danza está en la creación de una técnica propia, basada principalmente en la relación del bailarín con su ambiente de una manera orgánica. Esto implica temas como la respiración, la recuperación y la caída, la suspensión y sucesión de movimientos, la consciencia corporal e incluso el considerar al cuerpo como una orquesta.

Murió en 1972, pero su compañía, The Limon Dance Company sigue en activo en Nueva York, con el propósito de preservar el legado del bailarín y coreógrafo.

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