5 destinos mexicanos para vivir Semana Santa

Esta propuesta incluye arquitectura, descanso y vistas espectaculares para tomarse un tiempo en esta Semana Santa.

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Los próximos días son una oportunidad de tipo espiritual para algunos y el tiempo necesario de descanso para otros. Si a eso mezclamos el clima cálido de abril en todo el país, el resultado es un momento especial para tomar una escapada por sitios inimaginables en México.

Por eso queremos redescubrir planes y trazar otros nuevos para estas llamadas vacaciones. Nos alejamos de las paradisíacas playas y volteamos a ver regiones enclavadas en historia, edificios espectaculares y muchos senderos para caminar. Toma tu equipaje, una cámara y muchas ganas de vivir la Semana Santa.

((Leer más: 5 tips para organizar tu maleta como un profesional.))

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Puebla y sus iglesias.

A sólo 130 kilómetros de la Ciudad de México, la capital del estado alberga varios de los inmuebles del barroco de entre el siglo XVI al XVIII más emblemáticos del país. Un recorrido por sus calles incluye visitar la Catedral Basílica de Puebla, considerada en algún momento la iglesia más alta de las colonias españolas además de tener importantes tesoros artísticos en su interior; la Iglesia de la Compañía de Jesús, con su hermosa fachada que asemeja una apariencia de encaje blanco; la del Rosario, con un interior ultrabarroco decorado en filigrana y hoja de oro que prácticamente no deja espacios libres; o en sus alrededores está la iglesia de los Remedios al pie del volcán Popocatépetl en Cholula y la de Santa María Tonantzintla: una iglesia del barroco popular (hecha por indígenas). En ella puede observarse la recreación del cielo, pero desde la visión indígena que provocan una explosión decorativa con relieves de niños, mazorcas y frutas, todo también bañado en oro.

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Tlayacapan

En este pueblo mágico se reúne todo lo que el estado de Morelos ofrece: clima primaveral y paisajes naturales siempre verdes, pero en un contexto más local. Muy cerca del cerro del Tepozteco, Tlayacapan es una huida de las aglomeraciones en otros sitios de la zona, con la opción de una arquitectura histórica en su convento de San Juan Bautista (Patrimonio de la Humanidad), gastronomía a base de productos con base de maíz, y hasta descanso y renovación en sus temazcales y spas. Un recorrido por este poblado también incluye el Centro Cultural La Cerería, el cual fue cuartel de Zapata en la época de la revolución, y sus mercados de artesanías únicas.

En Semana Santa sus calles son un reflejo de color, fe y devoción: como en varias partes del país, encontrarás el tradicional Vía Crucis y las procesiones, pero se le suman bailes a ritmo de bandas locales con un toque carnavalesco.

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Malinalco.

Hablando de otro pueblo mágico, este es un vivo retrato colonial de calles empedradas, enclavado entre montañas y con clima húmedo en esta época de primavera. Lo que destaca ahí es el convento agustino, edificado en el siglo XVI -mezcla artística europea e indígena-, algunas pinturas rupestres y una zona arqueológica única en el continente por ser de características monolíticas, ideal para los creyentes de las renovaciones energéticas. Otro atractivo es el Templo del Divino Salvador, con fachada de gran altura y estilo plateresco. La cercanía con la Ciudad de México, menos de 100 kilómetros, lo hacen un espacio ideal con pocas aglomeraciones y belleza inigualable.
 

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Barrancas del Cobre.

Visitar Chihuahua implica un espectáculo natural único, como en el Cañón del Pegüis, o las dunas de Samalayuca, pero hay una opción llena de valor religioso. En medio de la sierra tarahumara, en Norogachi, los rarámuris tienen en Semana Santa una celebración que mezcla la festividad cristiana con la local. El resultado es la Norírobo, cuyo sentido es representar con danzas y música la lucha del bien y el mal, en este caso encarnados en soldados de dios y soldados del diablo. También hay elementos rituales, como ofrendas, y el simbolismo en pintas en el cuerpo para representar la trasmutación de las personas. La celebración culmina el Sábado de Gloria con la quema de Judas y una gran comida comunal con alimentos locales.

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Huasteca Potosina.

San Luis Potosí es bien conocido por su festividad religiosa de Semana Santa, pero si no quieres adentrarte en estas celebraciones, puedes aprovechar la cercanía con varios de los puntos naturales más impresionantes que ofrece México, y vivir unos días de aventura. Uno es la cascada de Tamul, un salto de agua de 105 metros de altura y aguas turquesa; el sótano de golondrinas: un abismo de una profundidad de 500 metros en el que puedes ver a estos pájaros planear y hacer una caída en picada; o el jardín surrealista de Edward James en Xilitla: un complejo diseño entre fantasía y realidad lleno de columnas con capiteles de flores gigantes, arcos góticos y escaleras de caracol que terminan bruscamente en el aire. Si estas tres maravillas no son suficientes, en la Huasteca potosina se acumulan otras cascadas, pozas, cuevas y hasta una zona arqueológica rodeada por el río Tampaón.

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