• Lugares
  • Gabriela Estrada
  • 14|06|2018
Un hotel para vivir el lujo de la naturaleza
Entre las montañas y los viñedos de Valle de Guadalupe se descubre un sitio surrealista, Bruma.
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Arquitectura: Alejandro D'Acosta / Villas: Legorreta Sepúlveda Arquitectos

Interiorismo: ADI Mercedes Gutiérrez y Regina Parlange

Resulta complicado poner en palabras la experiencia de hospedarse en Bruma. Como ellos bien lo dicen, “para encontrarse hay que volver al origen, restablecer armonía con la naturaleza y conectar con nuestro entorno”, y ésta es la sensación que invade el cuerpo después de pasar unas noches ahí.

La idea de este lugar, de una energía espectacular, nació de ocho amigos, entre ellos Juan Pablo Arroyuelo, presidente de Bruma. Aprovechando las 90 hectáreas del terreno crearon un destino del vino sin precedentes, compuesto por la vinícola, el hotel Casa 8, el restaurante Fauna —a cargo del chef David Castro Hussong—, y las nuevas villas diseñadas por Legorreta Sepúlveda Arquitectos, con mobiliario y accesorios mexicanos de firmas contemporáneas como Peca, Ad Hoc, David Pompa y Colorindio.

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El diseño arriesgado, experimental y en perfecta armonía con el ecosistema de Casa 8, Fauna y vinícola Bruma, fue concebido por Alejandro D’Acosta y pone en manifiesto la filosofía del arquitecto, basada en el respeto por el medio ambiente. “Alejandro D’Acosta dice: ‘Basta de hacer ruido con la arquitectura, es hora de hacer silencio’”, comentó Juan Pablo Arroyuelo, y ese fue el concepto que los cautivó, mantener al lugar tal y como es, pues ahí reside su verdadero valor. Estar en Bruma es admirar al paisaje y dejarlo ser.

Se trata de un proyecto integrado completamente al entorno; se utilizaron principalmente materiales de la región como madera reciclada, acero, piedra y tierra. En Bruma las vistas son infinitas. No hay límites, pues después de los viñedos se extienden las cordilleras y el cielo azul.

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La fuerza de la naturaleza penetra cada experiencia. Desde bañarte con el jabón de lavanda que fue cultivada ahí, comer un platillo con hortalizas del lugar o desayunar bajo un encino de 350 años, todo genera admiración y paz.

“A partir de una visión de mexicanos, en un lugar que está creciendo como destino vitivinícola mundial y basados en enaltecer el talento nacional, hemos creado una experiencia 100 por ciento sensorial”, puntualizó Juan Pablo. Bruma es la definición del verdadero lujo.