• Lugares
  • Alejandro I. López
  • 08|01|2020

Así lucía la casa-anticuario de Chucho Reyes en la Juárez

Reyes redefinió lo mexicano a partir de obras en papel china y su técnica decorativa enfocada en el arte popular. Su casa fue un taller creativo que inspiró a arquitectos como Luis Barragán.

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En la década de 1930, el artista jalisciense Jesús Reyes se estableció definitivamente en una casona ubicada en la calle de Milán 20 en la colonia Juárez, en el corazón de la Ciudad de México. Sería el principio de un periodo creativo que cambiaría en lo sucesivo la estética del arte mexicano y cuyos alcances aún resuenan en la arquitectura nacional.

Después de un largo periodo de remodelación, la casa de Milán 20 se convirtió en un espacio desbordante de color y creatividad, donde cada pieza era elegida cuidadosamente por Reyes, que se esforzaba por conocer su origen y realizar una curaduría única en cada habitación. El pintor solía visitar cada fin de semana el mercado de la Lagunilla en busca de nuevas adquisiciones, piezas, juguetes y todo aquello que desde su perspectiva, ostentara la categoría de bello.

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Cada uno de los salones, el patio y las estancias fungían ocasionalmente como anticuario, taller y otras veces museo. La colección de antigüedades de cualquier época y lugar crearon un espacio ecléctico, en apariencia caótico, pero dispuesto detalladamente por el pintor. Adornos colgantes, esferas de cristal, juguetes típicos, espejos, flores de papel, plantas y motivos católicos: todo se conjugaba con los famosos papeles de china de Reyes que servían de lienzo para la mayoría de sus obras, en un espacio definido por Mathias Goeritz como una “selva de sueño”.

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Al respecto, el crítico de arte alemán Paul Westheim describió la casa de Chucho Reyes como un sitio inspirador e inverosímil:

Cuando entramos en su casa de Milán, estremecida de sol a sol por el fragor de los coches y camiones… nos creemos traspuestos a otro mundo. En todas partes, en el zaguán, en el patio –con su vegetación tupida, con sus flores que, andando el tiempo, han llegado a parecerse a las flores de los ‘papeles’–en las escaleras, en los cuartos –, en todos los lugares de esa casa encantada hay, colgadas, erguidas, acostadas y, sobre todo, revueltas, cosas y cositas encantadoras, originales o simplemente simpáticas (...)

Centenares de cuadros y objetos amorosamente reunidos y conservados por don Chucho. Objetos en los que la fantasía artística del mexicano ha plasmado poéticamente, formas que la naturaleza no puede crear. No es un museo, tampoco propiamente una colección. Es una Jauja de la imaginación artística. Y es el ambiente adecuado, el único inverosímil, para ese hechichero”.

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Maestro del color: el legado de Chucho Reyes en la arquitectura mexicana

A pesar de que Reyes no se consideraba como pintor, diseñador o artista, su paleta influyó de forma decisiva en la arquitectura moderna en México, especialmente en la obra de Luis Barragán, amigo íntimo que solía consultar al pintor en materia cromática (y cuyo mejor ejemplo es la elección de colores para la Casa Gilardi a partir de la obra Gallo sobre fondo azul del pintor).

Los cristales pigmentados que provocaban un juego de luces al interior, además del contraste entre las flores del jardín (reales o de papel) y las piedras con la rigidez geométrica de muros y escaleras, sumaron al imaginario popular reformulando lo mexicano. Este eco no se limitó a la pintura y dejó un legado aún vigente en la plástica y el arte decorativo. En palabras de Goeritz, la visión única de Chucho Reyes lo convirtió en un “consejero estético” de arquitectos.

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La visión que Reyes plasmó en su casa de Milán también influyó en el urbanismo, especialmente en el fraccionamiento Jardines del Pedregal, el proyecto residencial creado a mediados del siglo XX en el sur de la capital y cuyo financiamiento fue conseguido en gran medida gracias a las gestiones de Reyes.

La fusión entre el terreno de roca volcánica y la rigidez del modernismo en el fraccionamiento (que sirvió de taller creativo para Max Cetto, Barragán y otros arquitectos mexicanos de entonces) poseía rasgos del estilo decorativo de Chucho Reyes: el artista jalisciense mandó plantar cientos de árboles palo loco y colorín, cuyas flores amarillo y grana respectivamente aún aportan un contraste distintivo a las calles de Jardines del Pedregal.

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Aunque tras su muerte buena parte de su colección regresó a su familia o fue adquirida por instituciones artísticas, aún hoy es posible visitar la planta baja de la casona de Milán 20 y contemplar herrería, pintura y los cristales pigmentados dispuestos originalmente por Chucho Reyes. La que alguna vez fue la casa y taller creativo del pintor hoy es un restaurante y cafetería donde la disposición de los espacios ha sido respetada y aún es posible hallar reminiscencias de lo tradicional sobre lo moderno, la búsqueda de la belleza y la experimentación en el color de Jesús Reyes.

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